Con 95 de vida intensa su físico era ya muy débil. De modo que la noticia de su fallecimiento no fue ninguna sorpresa para nadie. Como cabía esperar, la muerte de Nelson Mandela provocó muchísimas muestras de sinceros lamentos y reconocimientos en todo el mundo, pero también generó un huracán de hipócritas ensalzamientos por parte de la población mundial más reaccionaria.

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