Bajo el viaducto de Segovia, vive Benjamin Charles. “¿Que cómo es vivir debajo de un puente? Pues como lo ves: así”. Hay cuatro tiendas de campaña. Otras tantas sillas y una mesa, sobre la que despliega un aluvión de móviles: viejos cacharros y teléfonos inteligentes que se atontaron en un par de años. “Mira lo que nos han traído”. Regalos de los vecinos que luego vende en el Rastro. El otro día, dice, se sacó cien euros.

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