Pocas veces se presentan casos así. Sucedió en julio de 1921, en la zona de Annual, un niño de unos 9 o 10 años es testigo de la muerte de su padre, capitán del Melilla 59 y la posterior masacre de todos sus hombres. Sin saber cómo ni por donde, aunque según algunos artículos de la época la posición es asaltada durante un intento de evacuación. El enemigo cae sobre los españoles, siendo el pequeño testigo directo de la muerte de su padre. Estaba junto a el en el momento de la emboscada y pudo ver cómo recibía un balazo en el pecho.

Ver noticia original ➥