Uno de cada cinco niños se crían en la pobreza en Alemania. Para ellos la máxima de que en este país "se vive bien", como dice la canciller Ángela Merkel, es una quimera. Pasadas las 3 de la tarde, los niños colocan en la mesa tomates y pepino. De lunes a viernes, casi todas las tardes comen en un centro social de Lichtenberg, en el este de Berlín. "Lo notamos sobre todo en los adolescentes, muchos nos dicen: ¿cuándo comemos? No he comido nada en todo el día", cuenta Patric Tavanti, responsable del establecimiento administrado

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