Móviles que empiezan a fallar al año, lavadoras que duran poco más de una década, ordenadores irreparables… los fabricantes fijan una vida útil cada vez más corta para sus electrodomésticos obligando a los consumidores a renovar sus aparatos frecuentemente ¿Qué impacto tienen estas prácticas en el bolsillo de los consumidores? Según la Fundación Energía e Innovación Sostenible (Feniss) para un núcleo de familia con cuatro miembros la obsolescencia programada puede llegar a tener un coste de 50.000 euros.

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