Es legítimo que los medios tomen partido a favor o en contra de Sánchez, Rivera, Rajoy o quien sea. El problema es cómo se hace y hacia dónde nos dirige. Un entorno público deteriorado, tejido mediante burbujas partidistas y donde las emociones exacerbadas son frecuentes provoca sociedades en las que el diálogo desaparece, en las que las diferentes visiones carecen de lugares de encuentro, donde todo lo que hay entre ‘nosotros’ y ‘ellos’ se convierte en despreciable e inmediatamente perseguible, en definitiva una sociedad abocada a la violencia

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