En 1993, el físico Lucien Hardy propuso un experimento que muestra que hay una pequeña probabilidad (alrededor de 6-9%) de observar una partícula y su antipartícula interactuando entre sí sin aniquilar, algo que es imposible en la física clásica. La forma de explicar este resultado es exigir que la teoría cuántica sea no local: es decir, permitir la existencia de correlaciones cuánticas de largo alcance, como el entrelazamiento, de modo que las partículas puedan influirse mutuamente a través de largas distancias.

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