La aceleración de la vida ha terminado provocando una situación paradójica en la cual debemos trabajar más para ganar más dinero que nos permita pagar más servicios que nos ayuden a ahorrar el tiempo que no tenemos porque estamos trabajando mucho. Es una lógica de crecimiento perpetuo que genera una polarización aún mayor, alumbrando al hombre más rico del mundo, un vampiro que no produce nada, y un ejército de neoprecarios que deambulan por la ciudad atendiendo los pequeños caprichos de la población.

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