"Es una de las especies más peligrosas que se pueden encontrar. Su picadura puede ser mortal para un niño pequeño o para un adulto que tenga algún tipo de patología, ya que puede provocar un paro cardíaco o respiratorio. Por suerte, que estén por aguas pitiusas es algo anecdótico. No se reproducen en el Mediterráneo, si no que su llegada viene provocada por el fuerte viento de Poniente”, ha asegurado la coordinadora y oceanógrafa del CREM, Verónica Nuñez.

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