El 8 de octubre de 2012 entró en funcionamiento un programa de atracción de inversión diseñado por el gobierno de Portugal que entonces dirigía el conservador Pedro Passos Coelho. Seis años después, el país luso ha logrado que su visado de oro seduzca a casi 5.000 inversores foráneos que han decidido solicitar un permiso de residencia y beneficiarse de un marco tan atractivo que algunos ya hablan de Portugal como un paraíso fiscal de facto.

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