Los chicos eran bulliciosos y violentos. Gritaban y golpeaban. Las niñas levantaban sus manos y gimoteaban para ser cargadas en brazos. El grupo de 1 y 2 años se había, en otras palabras, dividido en líneas de género tradicionales. Y en esta escuela, eso no era bueno. En muchos establecimientos preescolares suecos, es normal que los profesores eviten referirse al género de los estudiantes -en vez de decir "chicos y chicas", dicen "friends", o llaman a los niños por su nombre. (…)

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