Los iraquíes parecen haber roto con el establishment político en respuesta a lo que ven como corrupción e incompetencia. La mayoría de los votos fueron a la Alianza Sairoun, una coalición de partidarios del clérigo chií Muqtada al-Sadr -viejo enemigo de EEUU- y el Partido Comunista Iraquí (ICP) así como el pequeño Partido Republicano Iraquí. La unión entre el movimiento sadrista conservador y religioso y el ultrasecular ICP parece desconcertante desde el exterior, pero en la práctica ha creado una exitosa síntesis.

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