Cuando Barack Obama decidió rubricar el acuerdo nuclear con Irán lo hizo alineando a tres agentes cruciales en su contra: la oposición republicana, Israel y Arabia Saudí. Cada uno tenía sus motivos para recelar de una negociación que anulaba el largo aislamiento de Irán en la esfera internacional. Para los republicanos representaba una traición; para Israel, una amenaza lejana; para Arabia Saudí, un ataque frontal varias décadas de política exterior construida en oposición a Irán.

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