Tras poco más de tres años de convivencia tranquila, el Gobierno belga se tambalea. La tensión, que surgió con la llegada de Carles Puigdemont a Bélgica, vuelve a poner a prueba las costuras de la coalición “improbable” que lidera el francófono Charles Michel, a la sombra de los soberanistas flamencos de la N-VA. Los ultimátums, las peticiones de dimisión y los rumores de elecciones anticipadas acompañan a la última polémica protagonizada por Theo Francken. La oposición pide la cabeza del secretario de Estado de Asilo y Migración belga.

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