Desde principios de la década de 1990, con la entrada “desordenada” de gran cantidad de colmenas llegadas principalmente desde Salamanca, las relaciones entre los apicultores de los dos países son tensas. La abundancia de abejas llegadas desde España causa disturbios en la producción y la sanidad de las explotaciones fronterizas de Portugal. Los apicultores lusos se quejan además de que los españoles no cumplen la normativa portuguesa que limita el número de colmenas y las distancias entre apiarios, evasión de impuestos y usurpación de terrenos

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