A la salida de una comida en la que se había reunido con François Mitterrand (quien un año después se convertiría en presidente de la República Francesa), Roland Barthes fue atropellado por una furgoneta, accidente que en un mes llevaría a Barthes a una tumba en Urt, ciudad del País Vasco francés donde ya reposaba su añorada madre. Este triste incidente demuestra una vez más que cuando fuerza bruta e intelecto chocan, la primera siempre lleva las de ganar.

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