El de Marie Skłodowska Curie es uno de los árboles genealógicos más bellos, entrelazados y trágicos de la historia reciente. Cada rama de su descendencia es un avatar del siglo XX. La física nuclear Hélène Langevin-Joliot (París, 1927) carga media historia de la física nuclear en sus apellidos, pese a que el Curie se haya desvanecido. La nieta de la primera científica en hacerse con dos Nobel continúa a sus 90 años haciendo un apostolado ateo del poder de la ciencia colaborativa, menos competitiva y cortoplacista.

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