Las 44 obras que el Gobierno ha ordenado devolver a Sijena son el centro de una partida que Aragón y Catalunya han jugado desde hace dos décadas.La historia comienza en 1936, cuando un experto en arte, Josep Gudiol, compró y salvó de la destrucción unas pinturas murales que acabarían en el Museo Nacional de Arte de Catalunya. A estas obras siguieron varias más vendidas por las monjas del monasterio, que Aragón considera que ya puede reclamar al encontrarse en régimen de depósito y que Catalunya juzga como suyas.

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