¿Alguien se imagina una infraestructura pública financiada con dinero público en manos privadas? No hace falta imaginarlo porque semejante aberración ya sucede. Pero igual que hay que luchar contra eso, hay que hacerlo contra la utilización de software privativo en el ámbito público. Los impuestos de la gente deben revertir en el beneficio de la gente y el software libre es el único que garantiza las mejores condiciones, esto es, independencia, transparencia y ahorro, pero también un incentivo para el desarrollo local.

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