Los superhéroes son, ante todo, productos estadounidenses, pegamento de una sociedad cuyo dios es el dólar que paga la propiedad privada. Un héroe para cada uno. Una trayectoria a gusto del consumidor, como los dioses griegos. Los superhéroes no son revolucionarios ni reaccionarios, son el panteón de lo que hay, el Olimpo de la sociedad capitalista mundializada con la ventaja de que ni siquiera hace falta creer en ellos. Con ver la película, vale. Con hacer click, es suficiente. El libro sagrado cabe en la tarjeta de crédito.

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