Por varios factores. El primero es que, al igual que en muchas otras partes del mundo, la población se ha envejecido y no hay suficientes trabajadores en actividad para sostener a quienes se jubilaron. En Argentina -gracias además al altísimo nivel de empleo informal, cercano al 50% – hay poco más de un trabajador activo por cada jubilado y pensionado (según los expertos, para sostener el sistema debería haber cerca de tres).

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