Después de años de ser pasto de pintadas y sede de botellones, se ha convertido en el centro de la vida política en Villarrobledo. IU, cuyo apoyo es imprescindible para el alcalde del PSOE, exige la demolición en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, pero el PP ha salido al rescate ofreciendo un cheque en blanco al alcalde si lo mantiene. Los socialistas navegan e intentan una vía intermedia: borrar los símbolos más evidentemente franquistas y taparse los ojos para el resto.

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