La Unión Europea está en crisis. No es ninguna novedad. El precario diseño institucional del espacio comunitario, fraguado en gran medida en Maastricht hace ya casi tres décadas, estuvo a punto de saltar por los aires a mediados de esta década. La crisis económica primero y la volátil crisis del Euro después supusieron un punto de no retorno. Desde entonces, los líderes europeístas lidian con diversas crisis, todas ellas de carácter urgente, en un escenario de pura desafección.

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