Del Cid se decía que ganaba batallas incluso después de muerto. Algo parecido puede afirmarse de Franco, al que algunos conceden el patrimonio de los símbolos nacionales aun llevando cuatro décadas en el sustrato. Si en 2018 urge dar alguna batalla al franquismo es precisamente la que nos permita contemplar los símbolos de la nación como los atributos de una democracia occidental moderna, descentralizada, plural e inclusiva.

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