La Gran Recesión ha supuesto acabar con muchas teorías económicas asumidas como verdades indiscutibles, cuando simplemente eran conjeturas de carácter ya no solo ideológico, estrictamente conservador, sino, ante todo, de defensa de los intereses de clase. Es en esta gran farsa, digna del Teatro Barroco patrio, donde se ha gestado quizás uno de los mayores fraudes de la historia. Nos referimos a cómo la generación de una deuda privada insolvente ha acabo transformándose en deuda soberana.

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