Ángel (16 años recién cumplidos) da vueltas en círculos por la cocina de su casa, una vivienda unifamiliar en Manzanares el Real (Madrid) ajeno a la tragedia en la que vive sumida su familia. Sus padres, Ángel Basilio y Salobrar de Matías, controlan a duras penas al muchacho, que responde vagamente a los estímulos, es incapaz de emitir sonidos y agrede con frecuencia. Una violencia fruto de los efectos de la medicación que le prescriben, potentes drogas antiepilépticas.

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