El Estado gasta cada año más de 500 millones de euros en su red de embajadas y consulados repartidos por todo el mundo. Los distintos Gobiernos han utilizado los destinos más apetecibles para premiar a cargos institucionales y personal de confianza. De momento, el Gobierno no ha dado pistas de por dónde pueden ir los nombramientos de su política diplomática que pilotará el ministro de Exteriores, Josep Borrell.

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